Herbario (4) Datura

o, las trompetas fantasma

Pálida y elegante, su flor se despereza con la luna. Quiere el folklore que sea el diablo quien toque melodías infernales en sus trompetas blancas, quien arranque de sus gargantas profundas las notas de la locura. Podrían escribirle una canción a esta flor fantasma, susurrar advertencias contra ella en el estribillo de la partitura:

No hay dosis segura. Aléjate de la Datura.

Pero nos atrae la oscuridad, las historias de fantasmas… ante ti se abre el laberinto en penumbra de estas trompetas diabólicas, que prometen misterio y peligro. ¿Acaso no vas a entrar?

En el umbral hay una palabra escrita: Datura, nombre a caballo entre la ciencia y el mito. Datura, nombre tras el cual se esconden doce hermanas que comparten características similares: hierbas de vida breve; grandes flores atrompetadas de tintes nocturnos; frutos secos y agresivamente espinosos.

Datura stramonium

Fruto maduro y semillas de estramonio.

Fue el naturalista Linneo quien las bautizó con el apelativo genérico Datura, de origen sánscrito; después cada hermana lo completa y concreta con su correspondiente apelativo específico, que la distingue de las demás. Sin embargo, los nombres comunes para hablar de ellas se confunden, desdibujan las diferencias entre hermanas y acentúan sus parecidos siniestros.

Higuera del infierno, higuera loca, berenjena del diablo, en castellano; devil’s weed, devil’s trumpets, devil’s cucumber, en inglés.

Todas tóxicas; todas peligrosas. No hay dosis segura. Aléjate de la Datura…

No he visto más que a dos de las doce doncellas, a las que conozco por historia y por proximidad: Datura metel y Datura stramonium.

Metel, la aristócrata fantasma lánguida, que descuelga hojas y cápsulas mirando al suelo, y grandes trompetas blancas erguidas hacia la luna.

Estramonio, de cápsulas ovaladas y dispuestas como lámparas apuntando al cielo. Comparado con su hermana, todo es más pequeño: flores, hojas, portamento.

Y si bien son menos tajantes que la letal belladona, su cóctel de alcaloides no es para tomárselo a broma, ya que es capaz de provocar distorsiones de la percepción hasta llegar al delirio.

Desde mediados del siglo XX han sido empleadas como “alucinógeno legal” en un sinfín de modos distintos. Se han consumido sus raíces, sus flores, sus semillas; se han elaborado infusiones de hojas, liado cigarrillos con ellas. Los resultados son escalofriantes a la vez que impredecibles; allá donde otros vegetales psicotrópicos pueden proporcionar experiencias relativamente agradables —sobre todo, cuidando el entorno de la sesión—, las daturas no suelen ser benévolas. Ceguera temporal, ataques de pánico, amnesia y pérdida de consciencia son sólo algunas de las malas pasadas que pueden gastarte las “trompetas del diablo”.

Trompeta del Diablo

Flor, vista cenital.

Y aunque sus efectos bioquímicos bien podrían bastar para plagar su laberinto de fantasmas, hay algo más: y es que sus (des)apariciones históricas la asemejan a un espíritu burlón, que juega al escondite entre los renglones de la historia.

Me explico…

La tradición había situado desde siempre a las hermanas estramonio y metel en el viejo continente. Paralelismos en tratados médicos islámicos, incluso con drogas descritas por griegos y romanos… nunca se había dudado seriamente de su existencia en Eurasia desde tiempos inmemoriales. Hasta que un buen día, la biología descubrió que el origen de todas las hermanas es, sin excepción, americano.

Aunque haya autores reticentes que insistan en ver estramonios en la farmacopea clásica, no parece haber pruebas de la presencia de ninguna Datura en Europa antes de 1500, cuando empiezan a aparecer en herbarios y jardines. Eso sí, rápidamente se las asocia al resto de sus peligrosas primas mandrágora, belladona y beleño, por lo que pudieron entrar a formar parte de ungüentos brujiles más modernos —pero, por motivos cronológicos, no de aquellos medievales.

Y me pregunto si la siento como flor fantasma en Europa por estar entre dos tierras, entre los dos polos míticos donde goza de mayor tradición cultural y religiosa.

Por un lado está su América natal: México es el centro de diversidad de las hermanas, donde pervive la influencia azteca en el nombre toloache (para D. innoxia) y su asociación con la locura, el delirio, y los espíritus.

Por otro lado está la India, donde es flor sagrada del único dios que podía acogerla en su danza: Shiva, y más concretamente la forma de Shiva Nataraja, que baila el mundo con una flor de Datura prendida en su tocado (bastante abigarrado, todo hay que decirlo: comparte espacio con una calavera, una luna creciente, la diosa Ganga, y alguna que otra planta extra según la escultura).

La India, donde se reconoce su peligrosa toxicidad, y por ello emplearse como símbolo del lado oscuro de la vida: así, Gold and Datura es el título de un libro cuya protagonista termina quebrándose bajo el peso del mundo y desciende a los infiernos de las drogas y la violencia.

Zombis

En la serie “The Walking Dead” los zombis reciben el nombre de caminantes.

Sin embargo, lo misterioso es que no sabemos cómo ni cuándo llegaron las hermanas al subcontinente indio exactamente. La genética dice que no es originaria de allá; sin embargo, existen sugerentes menciones a una planta dhattura ya desde el primer milenio…

Sea como sea, no son las historias indias de Datura las que han despertado mayor interés en los últimos tiempos, sino las de zombis, esos seres salidos de Haití para conquistar el mundo de la televisión, el cine y la literatura, desde Jane Austen hasta The Walking Dead o The Girl with all the Gifts.

Pues quizás no haya ni mención del estramonio en las obras zombi de segunda o tercera generación, pero en el principio, allá en el año 1983, estuvo la Datura stramonium: el “pepino zombi”, o concombre zombie (un principio siempre relativo, al no estar segur*s del origen de las creencias en zombis o su relación con el vudú). En Occidente, el estramonio queda asociado a la zombificación a partir de los estudios del etnobotánico americano Wade Davis, que visita Haití para intentar desentrañar el misterio de un caso zombi particular: el de Clairvius Narcisse, oficialmente muerto y enterrado en 1962, y quien reapareció en 1980 con una historia que contar.

Y aunque no vienen a cuento ni los detalles del caso de Narcisse, ni los fascinantes recovecos del mito zombi, baste decir que los estudios de Davis lo llevaron a escribir una serie de artículos en los que identificaba dos momentos clave en el proceso de zombificación: uno, protagonizado por la toxina animal tetrodotoxina, para inducir la casi-muerte del sujeto. Nuestra Datura intervendría, en cambio, en el segundo momento crucial una vez “resucitado” el zombi, despojándolo de voluntad propia y sometiéndolo a la del brujo que lo había creado.

Pero además de publicar estos artículos, Davis recogió sus experiencias y teorías en el libro La serpiente y el arco iris, que serviría de inspiración para la película de Wes Craven del mismo nombre. No fue la primera película de zombis ni mucho menos, pero que yo sepa, en ninguna de las anteriores salió al ruedo la Datura.

La serpiente y el arco iris

Bill Pullman poniéndose meloso con una serpiente en la susodicha película de Wes Craven.

El laberinto las quiere, pues, maestras manipuladoras de espíritus. Peligrosas alquimistas de pasado nebuloso y difícil de esclarecer, con su faceta encantadora de flores lunares que, sin embargo, se tornarán frutos cuajados de espinas.

Y aunque quedaría mucho dédalo por recorrer (pues no hemos hablado, p. ej., de las hermanas de pasado menos misterioso, desde siempre ubicado en las Américas), detengámonos aquí por el momento, a sabiendas de que aún quedan muchas historias en el tintero…

… mientras resuena en mis oídos ese estribillo fantasma, producto de mi imaginación ebria de flores lunares:

No hay dosis segura, de quien la busca se burla la Datura.


Aina S. Erice escribe historias para gente curiosa sobre plantas & personas. Cultura & plantas, vamos. Tiene una cierta fijación con las bibliografías, los diccionarios, y el té chai (entre otras cosas); se la puede encontrar en su web, o directamente en su blog Imaginando vegetales.

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