Los ojos detrás de la máscara

Médicos de la peste con sus máscaras.

Médicos de la peste con sus máscaras.

Me ha costado mucho escribir esta primera entrada en el blog. Al principio fue fácil crearlo. Seguí un impulso, escogí un título y luego me entretuve en personalizar cada pequeño detalle. Mientras ocupaba el tiempo en esos menesteres me decía: “No pasa nada por no ofrecer contenidos, tu blog todavía está en fase embrionaria”. Y con esta excusa tan floja he ido postergando lo inevitable día tras días hasta llegar al momento presente.

Por si no os habéis dado cuenta por esta introducción, soy una persona bastante indecisa. Hasta hace bien poco yo era lo que comúnmente se conoce en Internet como un lurker (un mirón). Era uno de esos usuarios que estaba metido en cuatrocientos mil foros sin aportar nada y seguía una veintena de blogs sin comentar en ninguno. Tenía, básicamente, las mismas funciones que una planta de interior. Pero no una con clase; porque al menos hay gente que es, yo que sé, una bonita orquídea o un práctico cactus. No, yo entro en la categoría de las plantas de plástico que se compran al por mayor para decorar las esquinas de las salas de espera. Ni siquiera realizo la fotosíntesis.

Supongo que uno de los motivos por los que no intervenía era por temor. Me cuesta expresarme debido a mi timidez y a veces envidio el exhibicionismo que padece la mitad de la población mundial. Mi yo predominante tiende a autocensurarse, evitando así los conflictos. Y pese a la extrema corrección, es posible que ofenda a alguien, de modo que la única forma de tener a todos contentos es cerrando el pico. Además, ¿qué puedo aportar yo que sea de utilidad? Haciéndome esa pregunta descubrí una obviedad y es que si no compartes tus ideas, jamás sabrás si son valiosas. Así que aquí me tenéis, al borde de la treintena y con ganas de hacer algo productivo antes de sobrepasarla. Pero si tengo que actuar que sea con una falsa identidad, como un superhéroe, porque así podré hacer lo que me plazca sin miedo a represalias.

Para colmo, no es la primera vez que uso un seudónimo. En el ámbito profesional tengo uno más o menos conocido y necesito, por todos los medios, separar mis diversas facetas. Por esa razón este blog es un secreto para mis amigos y el grueso de seguidores que he acumulado en otras redes. Ahora que estamos en época de carnavales, yo me pongo la máscara. Mi disfraz es el de Oliver Mulet, un personaje entusiasta de la literatura que disfruta diseccionando tramas. Si lees esto, no seas un mirón y háblame. Estaré encantado de conocerte.